martes, 18 de octubre de 2011

Guayaquil y lo "moralmente correcto".


Desde hace un tiempo atrás se han venido suscitando toda una gama de ataques sistemáticos por parte de la “vanguardia” porteña, supuesta defensora de la libertad en todas sus expresiones. No sé si sea una paradoja o si en verdad  no queremos ver el absurdo que (en)cubre las decisiones municipales en lo que respecta al arte en la ciudad y más profundamente a su producción y difusión.

La soberbia del alcalde y su sequito de plebeyos  se ha puesto en palestra pública en los procesos de censura a lo moralmente incorrecto expresado en lo que para estos sabios del “buen comportamiento” contenga imágenes con “sexo explicito”, en donde no se sabe qué mismo es lo explicito: quien lo determina, y que problema se tiene frente a la sexualidad y erotismo (o es que acaso estos señores son seres asexuados? Sera de preguntárselo a sus consortes). Más allá de los sucesos del Salón de Julio, con cierta continuidad en lo que a política municipal respecta, encontramos la sutil visión del espacio público dentro de la cual su color predilecto es el gris, preferiblemente sobre muros cargados de contenido cromático. Vaya ciudad y percepción de ornato de estos fabulosos “estetas”.

Pero el hecho de hoy me parece aun más grave que los antes descritos. Acá no se está censurando menos prohibiendo la expresión de un particular –cosa que tampoco justifico- sino que se está tratando de limitar la circulación de un relato histórico central dentro de la construcción de lo que podríamos llamar memoria colectiva. Poner trabas para la proyección del documental “Con mi corazón en Yambo” supone la negación de un proceso histórico en el cual se refleja toda la miseria de esa élite de la cual es heredera Nebot y que, a pesar de jugar con el lenguaje y los afectos locales al modificar su nombre de Partido Social Cristiano (PSC) a Madera de Guerrero (MG), conservan intacta su matriz autoritaria, separatista y cargada de una moralina que abusa del poder y la ley. Se debe estar claro, el fin más que boicotear el documental es proteger la imagen del caudillo y principal líder contemporáneo del PSC León Febres Cordero y su ahijado Nebot.
El absurdo se pone de manifiesto al recordar como hace apenas unas semanas el mismo soberbio alcalde sobrecargado por su “pasión” hacia la libertad de expresión defendía a los Señores Pérez y su empresa privada el Universo. De igual forma abría que preguntarle a este superhéroe local porque no defiende con la misma devoción y apertura que tiene para las oligarquías y sus negocios, procesos que apuntan a revalorizar el espacio público dentro de la localidad, que se fundamentan en una relación de empoderamiento ciudadano sobre su espacio de reproducción de vida y no en la comercialización de paraísos construidos –piénsese en el malecón 2000- mediante la exclusión de todo lo que no se quiere ver en la ciudad: mendigos, vendedores, putas, travestis, maricones y la lista podría continuar.  

No nos debemos dejar confundir por estos sacerdotes y predicadores del buen gusto, los cuales olvidan que en algún momento querían “mear” a diestra y siniestra sobre cualquier “socialista de frag, pipa y tabaco ingles”. No nos debemos dejar utilizar por estos liberales que encuentran las libertades solo entre ellos: los detentores del poder político y económico regional. Sino pregúntenle a Mostacho ElFacho.


Gregorio Páez



lunes, 3 de octubre de 2011

30 de septiembre, el vértigo.



Los acontecimientos ocurridos el 30 de septiembre han sido objeto de una empresa conceptualizadora sin precedentes, ningún otro día de nuestra historia reciente ha merecido tanta atención y ha reclamado una dotación de sentido con tanta urgencia.
Sin embargo la posición que ha tomado el órgano mediático del gobierno (sin que esto implique ninguna perspectiva peyorativa de mi parte)  ha sido la de aprovechar el suceso para conferir un conjunto de valores a si mismo, y relatar los hechos tal y como cree que deben ser abordados. No es ninguna sorpresa que el pasado se construya en el presente, es más, es así como nos aproximamos a la Historia. La dotación de sentido del pasado es un campo de batalla en el presente en el cual el relato más coherente y plausible busca interpelar, en función de sus elementos, a la mayor cantidad de individuos. Esto quiere decir que la versión del gobierno acerca del 30 de septiembre es una interpretación de los hechos que obviamente le resulta favorable, pero también que la respuesta de la oposición es una búsqueda por minar el sentido construido por el gobierno. No debería extrañarnos que el 30 de septiembre se presente como una marca, como un símbolo. El 30-S no es un día, es un relato acerca de los valores y falencias
–en función del grupo que los enuncie- que tiene este gobierno.
Ahora bien, entendemos que la dotación de sentido del 30 de septiembre busque la aprobación de la opinión pública, o mejor dicho de la opinión publicada, pues de la misma forma que el pasado se construye performativamente en el presente, la opinión pública se construye performativamente en los medios, en otras palabras, aquello que se pública es aquello que yo pienso que pensé, el 30 de septiembre analizado por los medios (ya sean gubernamentales o privados) se convierte en el relato con el cual me relaciono en el presente bajo la ilusión de haberlo hecho en el pasado. 
He tomado este tortuoso desvío para decir que las dicotomías que en los medios encontramos en pugna,  tales como Golpe de Estado – Motín Policial;  Secuestro – Hospitalización;  Magnicidio (¡!)- No magnicidio, etc., son completamente predecibles y groseramente simples. La lucha por la dotación del sentido del 30 de septiembre se ha planteado en términos publicitarios y dice poco o nada acerca de lo que experimentamos muchas personas ese día.
Entonces, ¿Qué paso el 30 de septiembre?, ¿por qué incluso si no nos interesa la política, ese día nos embargo una extraña pesadumbre?, ¿porqué nos queda un recuerdo amargo sin que podamos expresarlo?
Para comenzar diré que no me interesa en lo absoluto la versión del golpe de estado, ni su tosca negación, tampoco la rimbombante acción del magnicidio, peor aun los detalles y testimonios publicados en las revistas de oposición. Aquello que resulta monstruoso en todo este asunto no es la figura del presidente, ni la del militar, ni la del policía, pero la del saqueador. Una persona anónima que surge en estos momentos que rompen lo cotidiano y nos recuerda que el Estado no es más que una frágil convención. Muchas veces nos relacionamos con el gobierno y su acción política como si fueran objetos naturales que se encuentran fuera de nosotros, sin embargo en momentos en los cuales estas convenciones sufren turbulencias, nos damos cuenta del abandono y sentimos vértigo, no tanto del fenómeno en sí, pero de la condición humana. Quiero decir que   el 30 de septiembre fue un día apolítico pues el orden cotidiano de la convención se interrumpió y sentimos el miedo en el cual se funda toda la tradición política. En una súbita genealogía, llegamos a un día sin Ley y nos encontramos de golpe en el Estado Natural de Hobbes. El saqueador es un ser pulsional, espontáneo, que no se rige más que por aquello que le dicta su apetito, ese saqueador nos amarga pues nos reconocemos en él y el miedo que sentimos, es la constatación de nuestros propios impulsos y deseos. La comunidad no es un pacto que tiene por base la comunión voluntaria de sujetos positivos, es el tapón que obstruye la figura del vacío que se encuentra al centro de la sociedad, el miedo al otro es el miedo a mi mismo.
El 30 de septiembre fue un día en el que pudimos ver el revés de la cotidianeidad, el temor que sentimos es la experiencia de la nada, es la constatación de la imposibilidad de la Ética fuera de la moral,  y de la culpa originaria que funda el Estado. El saqueador es la latencia de lo apolítico en el día a día, es la escisión que nos atraviesa y que nos acompaña como la siniestra sombra de lo común. No tenemos un pacto social, tenemos un común miedo a la posibilidad de la libertad pulsional que reconocemos en nosotros mismos y que sacrificamos al Estado a cambio de seguridad, no comunidad pero inmunidad.
El 30 de septiembre todos fuimos Vladimir y todos fuimos Estragon, en la angustia de la experiencia del abandono. 

Pablo Daniel Lloret.

sábado, 1 de octubre de 2011

Con rabia y prisa

un lapso cuasipolítico (HAY QUE PONERLE LA FOTO DE LOS BLUEMEANIES DEL SUBMARINO AMARILLO ASI ESTABA)

Pero es que cómo callar... un país tomado por bluemeanies, así vivimos la angustia, la rabia sí... la violencia... ¿parecía real? no, parecía la ficción más absurda... sin embargo dejó muertos y heridos y...

No hay música con el sonido de las balas... como metáfora sirve...


Luego: el golpe no se dio, porque lo manejaron los medios, con la señal única. ¿cómo los periodistas que juegan como en la "guerra de los mundos" no conocen el tema del "estado de excepción" ? (que se enseña en primer ciclo, me consta) y siguen reclamando... por supuesto, ellos también fueron héroes -lo digo sin ninguna ironía-, pero no en reality, porque tuvieron que pasar cómo se jugaron el pellejo más tarde
Después... las broncas...la idiotez de lado y lado... un hombre casi muerto a puntapiés porque trabaja en un canal "de ultraderecha" como si fuera el dueño, el pobre... los niños del cole caro diciendo "maten a ése hijuep (presidente)..." un país que tal vez aprendió que el GOLPE DE ESTADO, nos daña. La sensación extraña, sin embargo, de que las otras veces (dos de tres) estuve de acuerdo... preguntas... "lo que vez en política no es cierto" no, no es cierto, pero tampoco tan "J. J. Benítez" para decir que fue un show... Quito bien parado... la discusión, me molesta el morbo de las imágenes que sangraban desde la web donde todo es libre acceso, y por tanto necesita de ojos educados... un país que no es "pintoresco" como piensan todos aquellos países que han olvidado no sólo su historia... al final un sueño de paz, un minuto de silencio - que nunca será suficiente-... este juntahemisferios, país maravilloso.



Ángeles Martínez