Desde hace un tiempo atrás se han venido suscitando toda una gama de ataques sistemáticos por parte de la “vanguardia” porteña, supuesta defensora de la libertad en todas sus expresiones. No sé si sea una paradoja o si en verdad no queremos ver el absurdo que (en)cubre las decisiones municipales en lo que respecta al arte en la ciudad y más profundamente a su producción y difusión.
La soberbia del alcalde y su sequito de plebeyos se ha puesto en palestra pública en los procesos de censura a lo moralmente incorrecto expresado en lo que para estos sabios del “buen comportamiento” contenga imágenes con “sexo explicito”, en donde no se sabe qué mismo es lo explicito: quien lo determina, y que problema se tiene frente a la sexualidad y erotismo (o es que acaso estos señores son seres asexuados? Sera de preguntárselo a sus consortes). Más allá de los sucesos del Salón de Julio, con cierta continuidad en lo que a política municipal respecta, encontramos la sutil visión del espacio público dentro de la cual su color predilecto es el gris, preferiblemente sobre muros cargados de contenido cromático. Vaya ciudad y percepción de ornato de estos fabulosos “estetas”.
Pero el hecho de hoy me parece aun más grave que los antes descritos. Acá no se está censurando menos prohibiendo la expresión de un particular –cosa que tampoco justifico- sino que se está tratando de limitar la circulación de un relato histórico central dentro de la construcción de lo que podríamos llamar memoria colectiva. Poner trabas para la proyección del documental “Con mi corazón en Yambo” supone la negación de un proceso histórico en el cual se refleja toda la miseria de esa élite de la cual es heredera Nebot y que, a pesar de jugar con el lenguaje y los afectos locales al modificar su nombre de Partido Social Cristiano (PSC) a Madera de Guerrero (MG), conservan intacta su matriz autoritaria, separatista y cargada de una moralina que abusa del poder y la ley. Se debe estar claro, el fin más que boicotear el documental es proteger la imagen del caudillo y principal líder contemporáneo del PSC León Febres Cordero y su ahijado Nebot.
El absurdo se pone de manifiesto al recordar como hace apenas unas semanas el mismo soberbio alcalde sobrecargado por su “pasión” hacia la libertad de expresión defendía a los Señores Pérez y su empresa privada el Universo. De igual forma abría que preguntarle a este superhéroe local porque no defiende con la misma devoción y apertura que tiene para las oligarquías y sus negocios, procesos que apuntan a revalorizar el espacio público dentro de la localidad, que se fundamentan en una relación de empoderamiento ciudadano sobre su espacio de reproducción de vida y no en la comercialización de paraísos construidos –piénsese en el malecón 2000- mediante la exclusión de todo lo que no se quiere ver en la ciudad: mendigos, vendedores, putas, travestis, maricones y la lista podría continuar.
No nos debemos dejar confundir por estos sacerdotes y predicadores del buen gusto, los cuales olvidan que en algún momento querían “mear” a diestra y siniestra sobre cualquier “socialista de frag, pipa y tabaco ingles”. No nos debemos dejar utilizar por estos liberales que encuentran las libertades solo entre ellos: los detentores del poder político y económico regional. Sino pregúntenle a Mostacho ElFacho.
Gregorio Páez