miércoles, 21 de septiembre de 2011

Los medios y su juego de espejos



  
Cuando leemos un periódico, o cuando vemos un noticiero, tenemos la impresión de que las opiniones que ahí se difunden no son del todo el resultado de un proceso riguroso de reflexión. Al contrario, la sensación que los medios nos suscitan la mayoría de las veces, es la de un complejo juego de espejos, en el cual cada palabra no recurre a su acepción teórica, ni literal pero a su función simbólica o alegórica. Quiero decir que el lenguaje que se maneja en los medios responde a un sistema maniqueo en el cual grupos semánticos representan lo políticamente correcto al tiempo que, estigmatizadas, otras palabras son destinadas a definir lo inaceptable, lo bochornoso, lo innoble.
Si bien podríamos discurrir acerca de los alcances del lenguaje y acerca de sus diferentes funciones, me parece que hemos alcanzado un punto en la difusión de la información y sobretodo en el trabajo editorial, en el cual la opinión común resulta nefasta, y el planteamiento de la problemática acerca de la calidad de la información, urgente.
El formato en el cual se difunde la información en los medios de comunicación masivos, es por definición mediocre, pues busca el mayor rango de alcance posible utilizando la persecución del individuo promedio como canon. Cuando vemos la simpleza con la cual el gobierno –para poner un ejemplo- propone la agenda mediática de la semana, nos extrañamos, pues vemos la misma simpleza en la elaboración de la información en los medios masivos con la cual la oposición responde. No hay que ser un lingüista ni un filosofo para evidenciar que palabras como democracia, bienestar, libertad, justicia, socialización, interculturalidad-descentralizada–participativa-transparente,  cumplen una función sui generis en el constante intercambio de denuestos que entabla el gobierno con la oposición. Esta función no es la de explicar ni problematizar conflictos entre las supuestas partes contrarias, sino la de repetir un discurso en el cual cada parte busca posicionar sus palabras y símbolos con mayor fuerza, entablando una carrera ciega hacia la aceptación popular. Por ejemplo, la palabra democracia aún si constituye una categoría de la filosofía política sumamente compleja y problemática, es utilizada a diario por los medios y el gobierno en una dimensión cínicamente preteórica. No interesa lo que se dice, sino lo  que esperan que se diga, en otras palabras, no se busca una línea de reflexión coherente ni en los medios gubernamentales ni en los “independientes”, se busca tan solo la fórmula castrante de lo políticamente correcto. 
Ante estas inquietudes, hemos decidido crear un espacio en el cual podamos compartir posiciones, planteamientos y llevar a cabo debates sinceros entre quienes sentimos que la prensa y los medios no pueden salir del otro lado del espejo en el cual se mira el gobierno.
Con toda la humildad y con el firme deseo de ser políticamente incorrectos, les presentamos Solo editoriales. 

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